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Plástico en la mente: el inquietante hallazgo que vincula los microplásticos con la demencia

Durante años se sospechó que los microplásticos estaban en todas partes: en el aire que respiramos, el agua que bebemos e incluso en los alimentos. Pero un nuevo estudio de la Universidad de Nuevo México (EE. UU.) acaba de dar un paso más inquietante: el cerebro humano también los acumula… y en cantidades muy superiores a las encontradas en otros órganos.

Un descubrimiento que alarma a los científicos

El trabajo, publicado en Nature Medicine, analizó muestras de tejido cerebral de personas fallecidas en distintos años. Al compararlas, los investigadores observaron que las concentraciones de microplásticos —pequeñas partículas de menos de cinco milímetros— habían aumentado con el tiempo.
El resultado fue impactante: los cerebros contenían de siete a treinta veces más plástico que órganos como el hígado o los riñones. Y lo más preocupante es que las personas con diagnóstico de demencia mostraban hasta diez veces más microplásticos que quienes no presentaban esa enfermedad.

“Jamás imaginé que la cifra fuera tan alta”, confesó el investigador principal, Matthew Campen, profesor de la Facultad de Farmacia de la UNM. “No necesito esperar treinta años para descubrir qué ocurre si las concentraciones siguen aumentando”.

De las botellas al cerebro

Los microplásticos —y su versión aún más diminuta, los nanoplásticos— provienen tanto de productos de consumo cotidiano como de la degradación de materiales mayores: botellas, envases, cosméticos o ropa sintética. Son tan pequeños que atraviesan filtros de agua, flotan en el aire y terminan penetrando en nuestro organismo por la respiración, la comida o el contacto con la piel.

En el estudio, los científicos disolvieron químicamente el tejido cerebral y aplicaron técnicas avanzadas de pirólisis y espectrometría de masas para identificar los tipos de polímeros presentes. Detectaron hasta doce, siendo el polietileno —el mismo plástico de botellas y vasos— el más abundante.
Mediante microscopía electrónica, hallaron diminutos fragmentos de apenas 200 nanómetros, lo bastante pequeños como para atravesar la barrera hematoencefálica, la defensa natural que separa el cerebro del resto del cuerpo.

Un vínculo posible con la demencia

Los investigadores sospechan que estas partículas podrían interferir con las conexiones neuronales o convertirse en núcleos donde se agregan proteínas asociadas a enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.
“Podrían alterar los axones o promover la acumulación de proteínas tóxicas”, explicó Campen. “No lo sabemos con certeza, pero es una posibilidad real”.

El estudio no establece una relación causal directa entre microplásticos y demencia, pero sí evidencia una asociación estadísticamente significativa entre ambos. La acumulación podría deberse también a los cambios fisiológicos que provoca la enfermedad —como el deterioro de la barrera hematoencefálica o la dificultad del cerebro para eliminar desechos—, lo que agrava el ciclo.

Un problema creciente en todo el cuerpo

Otras investigaciones recientes refuerzan la preocupación. En 2024, un equipo italiano publicó en The New England Journal of Medicine que los pacientes con microplásticos en las arterias presentaban más riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y mortalidad general.
Para Arnold Eiser, profesor de farmacología de la Universidad de Pensilvania, estos hallazgos son una llamada de atención: “El grado de acumulación en el cerebro es sorprendente. Indica que la barrera hematoencefálica podría estar seriamente dañada en las personas con demencia”.

Los microplásticos, añadió Eiser, generan estrés oxidativo e inflamación, procesos clave en el deterioro neuronal. Incluso podrían actuar junto con otros factores de riesgo, acelerando el avance de la enfermedad.

El sistema de limpieza del cerebro también sufre

La neurotoxicóloga Marcia Ratner, de la Universidad de Boston, advirtió que las partículas podrían estar saturando el sistema glinfático, un mecanismo esencial para eliminar desechos como la proteína tau o el beta-amiloide del cerebro.
“Si este sistema se sobrecarga, el cerebro no logra eliminar adecuadamente esas proteínas”, explicó. “Esto podría agravar la demencia o adelantar su aparición”.

Según Ratner, incluso sin ser la causa directa, los microplásticos podrían empeorar el cuadro clínico de personas vulnerables. “Si el intestino y el cerebro se vuelven más permeables, aumenta el riesgo de inflamación, pequeños accidentes cerebrovasculares y deterioro cognitivo”, detalló.

¿Podemos hacer algo?

Aunque evitar completamente los microplásticos es imposible —se encuentran en el aire, en el agua embotellada y hasta en los cosméticos—, los expertos recomiendan reducir la exposición.
Entre las medidas más eficaces:

  • Sustituir las botellas de plástico por envases de vidrio.
  • No calentar comida en recipientes plásticos.
  • Evitar mariscos (que bioacumulan microplásticos).
  • Optar por detergentes líquidos o en polvo en lugar de cápsulas encapsuladas en plástico.

Un estudio publicado en PNAS reveló que el agua embotellada contiene en promedio 240 000 partículas de plástico por litro, la mayoría nanoplásticos invisibles al ojo humano. Cambiar hábitos de consumo puede marcar una diferencia.

“El problema es mucho mayor de lo que pensamos”, admitió el neurólogo Giulio Pasinetti, del Monte Sinaí de Nueva York. “No se trata de alarmar, sino de actuar con sentido común”.

Un futuro que exige decisiones

Los científicos coinciden en que queda mucho por aprender. Pero también en que esperar décadas para confirmar el daño sería irresponsable.
“Sabemos que estas partículas existen, que están aumentando y que el cerebro no es inmune”, resume Ratner. “No necesitamos otros treinta años de estudios para empezar a protegernos”.

En un mundo cada vez más saturado de plástico, quizá el verdadero desafío ya no sea descubrir si puede afectarnos, sino decidir cuánto estamos dispuestos a ignorarlo.


Reseñas

Nihart AJ, García MA, El Hayek E, et al. Bioacumulación de microplásticos en cerebros humanos fallecidos 

https://www.nature.com/articles/s41591-024-03453-1 . 

Nat Med 2025: publicación electrónica de 2025, 3 de febrero.

•Mariella R, Prattichizzo F, Sardu C, et al. Microplásticos y nanoplásticos en ateromas y enfermedades cardiovasculares 

https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2309822 . 

N Engl J Med 2024:390(10):900–910.

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